En el establecimiento San Miguel, cerca de San Cristóbal, Estancia La Pelada concentra una parte importante de su actividad de cría. Allí, los rodeos Braford se desarrollan principalmente sobre campo natural y monte, bajo un sistema que combina manejo, rotación y selección de los animales más adaptados. El ingeniero agrónomo Gonzalo Alemán, responsable del establecimiento, explicó cómo es el trabajo que da inicio al proceso productivo.
Para llegar a un reproductor o a un animal destinado a la producción de carne existe un proceso que comienza mucho antes de una exposición o un remate. En el caso de Estancia La Pelada, una parte central de ese recorrido se inicia en San Miguel, un establecimiento ubicado en las cercanías de San Cristóbal y destinado principalmente a la cría.
El ingeniero agrónomo Gonzalo Alemán, responsable del campo, explicó que allí se concentra “la mayor proporción de la cría de la empresa”. Se trata de un establecimiento netamente ganadero, donde las características del ambiente tienen un papel determinante en la selección de los animales.
“La cría de San Miguel es, en una alta proporción, en montes. Se fue haciendo más intensiva durante los años, pero sigue siendo siempre una cría dentro del monte”, señaló Alemán.
El sistema combina el aprovechamiento del campo natural con una mayor intensidad en el manejo. La rotación de los rodeos, la incorporación de aguadas y la división de los potreros permitieron mejorar el uso de los recursos disponibles y, al mismo tiempo, avanzar en los índices productivos.
Un ambiente que selecciona a los animales
Una de las características que distingue al sistema de San Miguel es el proceso de adaptación de los animales al ambiente. La cría se desarrolla mayoritariamente sobre campo natural y monte, condiciones que demandan rusticidad y capacidad de adaptación.
“Se imprime la rusticidad a partir de la cría en campo de la zona norte santafesina y en el monte. Eso hace que solo los más rústicos puedan subsistir a ese sistema”, explicó el profesional.

Alemán definió el proceso como una selección exigente, especialmente porque trabajar con grandes extensiones de monte dificulta el control permanente de los rodeos. Sin embargo, sostuvo que esa característica terminó convirtiéndose en una herramienta productiva.
“Al principio teníamos índices complicados y con el tiempo fuimos mejorando a partir de la rusticidad que van adquiriendo los animales”, relató.
El manejo también fue cambiando. Originalmente, San Miguel estaba dividido en grandes lotes de aproximadamente 600 hectáreas. Con el paso de los años, la empresa realizó inversiones en aguadas y divisiones con boyero para reducir el tamaño de las parcelas. Actualmente, el objetivo es que cada una no supere las 100 hectáreas y que los rodeos roten entre ellas.
De San Miguel a La Pelada y nuevamente al campo de cría
El ciclo productivo comienza con el servicio, que se realiza entre noviembre y enero, de acuerdo con el esquema habitual de la región. Los terneros son destetados aproximadamente entre marzo y abril, cuando tienen entre seis y siete meses, y trasladados a La Pelada para continuar con su recría.
Luego, parte de esos animales regresa a San Miguel como reposición de vientres. Después del primer invierno, continúan allí su recría y posteriormente ingresan al siguiente ciclo reproductivo.
Ese esquema permite diferenciar las etapas productivas y, al mismo tiempo, mantener en San Miguel los animales que formarán parte del rodeo de madres.

La empresa cuenta actualmente con aproximadamente 13.000 vientres Braford y 300 vacas de pedigree, además de un plantel de unos 80 vientres Brahman de puro pedigree. Su producción se presenta en distintos remates y exposiciones, mientras que el excedente de machos y hembras se destina a mercados de consumo local y de exportación.
Ahora, el establecimiento busca profundizar el proceso. “Estamos empezando a hacer terminación de vacas que antes no se hacía y, a partir de este año, también incorporar la recría en San Miguel”, explicó Alemán.
El objetivo es que al establecimiento La Pelada lleguen principalmente los animales destinados a la venta como reproductores o para carne, mientras que aquellos que serán utilizados como reposición de madres permanezcan en San Miguel.
Una actividad que exige presencia
Más allá de los números y de las decisiones de manejo, para Alemán la ganadería tiene un componente que no puede reemplazarse con tecnología: la presencia en el campo.
“En ganadería hay que estar presente. Una ganadería online, una ganadería por Zoom no existe”, afirmó. Para el ingeniero agrónomo, esa presencia cotidiana es parte de una actividad que conoce desde su infancia y que define como una pasión.
“Es algo que llevamos en la sangre y que hace que uno tenga esa pasión por la producción ganadera”, sostuvo.
En San Miguel, esa combinación entre ambiente, manejo y permanencia en el campo forma parte de una estrategia productiva que busca obtener animales adaptados a las condiciones del norte santafesino. Un proceso que comienza entre monte y campo natural y que, con el tiempo, puede terminar en una pista de exposición, un remate o directamente en un rodeo productivo.





