La adopción de drones en la agricultura argentina se consolida como un salto tecnológico que demanda, ante todo, una gestión profesional y responsable. Para CASAFE, la eficiencia de estas herramientas no es intrínseca a la tecnología, sino que depende directamente del rigor técnico en su operación y de una calibración precisa basada en variables reales a campo.
Es a través del cumplimiento de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) que el uso de drones se traduce en una herramienta estratégica para avanzar hacia una producción más sustentable.
Fundamentos técnicos para una aplicación segura
El potencial de esta herramienta está directamente ligado al rigor en su operación y a una calibración precisa basada en variables medidas en tiempo real a campo.
“El éxito de cada tratamiento depende de una configuración rigurosa. Factores como el tamaño de gota —que debe superar siempre los 200 micrones— y la velocidad de avance son 2 de los factores determinantes para definir el ancho de faja y la uniformidad de la cobertura. Por ejemplo, mientras un equipo de gran porte como el T100 opera de manera óptima a 35 km/h, un T50 lo hace a 25 km/h y equipos menores lo hacen entre 15 y 20 km/h”, explica Federico Elorza, Coordinador de Gestión Sustentable de CASAFE.
Elorza destaca además que la operatividad exige un monitoreo constante del entorno: “Debemos estar pendientes de las condiciones meteorológicas en el momento exacto del trabajo. La recomendación técnica es operar con vientos de entre 3 y 10 km/h para evitar riesgos de deriva e inversión térmica, asegurando que el producto llegue exclusivamente al objetivo definido”.
Un ecosistema regulatorio en evolución
La adopción de esta innovadora tecnología convive actualmente con un ecosistema normativo diverso, propio de la realidad federal argentina y de las particularidades de cada provincia. En este contexto, el sector acompaña una etapa de diálogo institucional y articulación público-privada, con el objetivo de contribuir al desarrollo de marcos regulatorios que aporten previsibilidad y, al mismo tiempo, impulsen Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) como referencia técnica compartida para un uso seguro y responsable.
Hoy, provincias como Córdoba, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos ya cuentan con marcos normativos específicos. Los criterios presentan variaciones que van desde distancias de resguardo de 50 metros hasta zonas de exclusión y amortiguamiento diferenciadas.
“Acompañamos el proceso de maduración normativa en cada jurisdicción, aportando el sustento técnico necesario para que cada marco local brinde seguridad y previsibilidad. Nuestro objetivo desde CASAFE es colaborar en la construcción de criterios que, fundamentados en la ciencia y en las buenas prácticas, faciliten la adopción de estas nuevas tecnologías de manera segura en todo el territorio”, señala Federico Landgraf, director ejecutivo de CASAFE.
El compromiso con las Buenas Prácticas Agrícolas
Más allá de las diferencias normativas, el principal desafío sigue siendo garantizar aplicaciones responsables. El diferencial no reside únicamente en la incorporación de los drones, sino en su gestión profesional.
CASAFE reafirma que aplicar correctamente, calibrar bajo parámetros técnicos y respetar las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) es el camino para que la innovación tecnológica se traduzca en una agricultura más eficiente, segura y sostenible para toda la sociedad.
Acerca de Casafe
La Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) representa a las empresas que brindan soluciones para el agricultor. En Casafe, propiciamos una producción suficiente de alimentos seguros y nutritivos a través de la innovación y la sustentabilidad.
«Conscientes de la necesidad de un mundo que demanda más y mejores alimentos, promovemos prácticas agrícolas eficientes y responsables para generar alimentos saludables, de calidad y amigables con el ambiente. Nuestro enfoque incluye la inversión en investigación y desarrollo para brindar soluciones innovadoras en Argentina que optimicen el uso de insumos», sostienen desde la entidad.





