El búfalo es una especie que fue introducida en Argentina en la primera década del siglo XX, procedente de Brasil, y se ubicó en sus orígenes principalmente en las provincias de Entre Ríos y Corrientes. De acuerdo con Zava (1993), originalmente esta especie estaba destinada al cruzamiento con el bovino para aumentar su rusticidad.
Dice el informe hecho por Franco Ramseyer, Bruno Ferrari y Patricia Bergero, que no obstante, al resultar ello imposible, el búfalo fue abandonado, quedando relegado a un uso residual en el país.
El interés por esta especie volvió a aparecer en la década de los setenta, especialmente para su desarrollo en campos bajos. Es aquí cuando comenzó a proliferar la producción comercial del mismo.

ADAPTACION A AMBIENTES ADVERSOS
De acuerdo con estudios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), una característica positiva de esta especie es su rusticidad, adaptación a ambientes adversos y también que brinda la posibilidad de hacer cría, recría e invernada, al mismo tiempo que se puede tener animales doble propósito; es decir, tanto para carne como para lechería.
Estas condiciones permitieron una proliferación de la especie en el último tiempo. Si se analizan las existencias en la última década, es posible observar a partir de los datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), que el stock bubalino aumentó un 115% entre 2015 y 2025, pasando de 94.000 a casi 203.000 cabezas.
Por su capacidad de adaptación y resistencia en ambientes pantanosos, la población de búfalos tiene una marcada concentración en los humedales del Nordeste Argentino (NEA). Zava (1993) indica que, siempre y cuando cuenten con agua disponible para sumergirse, o barro, o en su defecto sombra para protegerse del sol durante las horas de mayor irradiación solar, los búfalos se mantienen en buen estado aún con temperaturas muy elevadas. Esta resistencia al calor, sumado a su capacidad para transformar pasturas de baja calidad en proteína, los hace eficientes en condiciones tropicales y subtropicales.

Consultando los datos a nivel provincial, se observa que, en 2025, la provincia de Corrientes concentraba el 47% del stock de búfalos, seguida por Formosa (22%), Chaco (15%), Santa Fe (5%) y Misiones (2%). Si se suman las cuatro provincias que conforman el NEA (Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones), la zona concentra el 86% de las existencias a nivel nacional, favorecida por los motivos expuestos en el párrafo precedente. A pesar de las ventajas comparativas de esta región, se registra población bubalina en 20 de las 23 provincias de Argentina.
DINÁMICA DE LA FAENA Y PRODUCCIÓN DE CARNE
El análisis de la serie de faena para el período 2015-2024 también revela el crecimiento del sector. Según los registros de SAGyP, a partir de Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, la faena anual ha mostrado una tendencia creciente en la última década, coincidente con la expansión de los rodeos.

Durante el año 2024, la faena nacional fue de 18.296 cabezas, multiplicándose por 3,7 frente al registro de 2015. En tanto, en los primeros siete meses de 2025, que es hasta donde hay disponibilidad de datos, la faena fue de 14.930 cabezas, superando en un 18% al mismo período del año previo. Con un rendimiento promedio de 219 kg por búfalo faenado, la producción anual se ubica en torno a las 4.000 toneladas.
Si bien la producción más que se triplicó en la última década, cabe mencionar –a modo de comparación- que se trata de un mercado muy pequeño en contraste con el de la ganadería vacuna. Tanto la faena como la producción de carne de búfalo representaron en 2024 apenas el 0,1% de los indicadores del sector bovino.
DINÁMICA DE LA DEMANDA
El mercado interno para la carne de búfalo todavía tiene mucho terreno para desarrollarse. Un relevamiento técnico del INTA (2024) sobre “Consumo y percepción de carne de búfalo”, en base a una encuesta nacional realizada en 2024, brindó algunos datos al respecto.
A nivel nacional, cerca del 60% de los participantes indicó desconocer que la carne de búfalo se comercialice para consumo en Argentina, y entre aquellas personas que indicaron conocer sobre su disponibilidad en el mercado, solo el 17% señaló haberla visto exhibida en algún punto de compra. En tanto, el 94% de los encuestados declaró nunca haber probado carne de búfalo. Pese a esto, el 80% de quienes sí la probaron indicó que les gustó o les gustó mucho, lo cual da una buena señal de aceptación potencial por el lado de los consumidores.
En el frente externo, dentro de la Cuota Hilton se encuentra un contingente exclusivo de 200 toneladas para la exportación de carne bubalina sin hueso de alta calidad y valor, también denominado “Cuota búfalo”.

Los cortes de la especie bubalus bubalis, o búfalos de agua que integran la cuota son los siguientes: bife sin lomo, cuadril (y sus derivados), lomo, bife ancho sin tapa, tapa de asado (picaña), nalga de adentro, nalga de afuera (o sus cortes individuales: peceto y carnaza de cola o cuadrada), bola de lomo y entraña fina.
Desde el punto de vista normativo, una noticia positiva para el sector fue la incorporación del ganado bubalino al Sistema Nacional de Identificación de Ganado Bovino, a partir de la Resolución 71/2024 del 16 de octubre de 2024, donde se estableció la utilización de tecnología electrónica como herramienta de identificación individual obligatoria para la trazabilidad de ganados bovinos, bubalinos y cérvidos a partir del día 1 de marzo de 2025, fecha desde la cual los productores ganaderos deberán identificar todos los terneros al destete o al primer movimiento.
Esto permitiría escalar en mercados de exportación exigentes como la Unión Europea, que requiere, en forma creciente, la trazabilidad individual de los animales.
En definitiva, el sector bubalino argentino atraviesa una etapa de crecimiento, respaldada por un aumento sostenido del stock y una adaptación eficiente a los ecosistemas del NEA.
Si bien los volúmenes de producción y el consumo interno son aún incipientes en comparación con la ganadería bovina, la tendencia positiva en la faena y la incorporación de nuevas herramientas de trazabilidad configuran una base sólida para el desarrollo de la actividad y su potencial proyección comercial.
FUENTE: Agroperfiles





