Los especialistas de APIX analizan el escenario actual de los suelos tras el Congreso de Distribuidores de Yara. Advierten sobre el impacto de las deficiencias de micronutrientes y la importancia de una fertilización balanceada para capitalizar las buenas perspectivas climáticas en el trigo.

El sector agropecuario argentino se encuentra en un punto de inflexión. Con la mirada puesta en la campaña de invierno, la planificación estratégica se vuelve el activo más valioso para los productores que buscan superar los techos de rendimiento. En el marco del reciente Congreso de Distribuidores del Agro, Juan Pablo Alisio y Gastón Prada, referentes de la firma APIX (Agronomía de Precisión Integral), compartieron su visión sobre los desafíos técnicos que imponen los suelos actuales y las oportunidades que ofrece el clima.

El diagnóstico del suelo: más allá del nitrógeno y el fósforo

Uno de los puntos críticos detectados por los especialistas es el agotamiento paulatino de nutrientes que históricamente no estaban en el radar del productor promedio. Tras analizar un volumen significativo de muestras de suelo, el panorama es claro: el foco tradicional en macronutrientes ya no es suficiente para alcanzar el potencial genético de los cultivos.

Gastón Prada, Jefe de Operaciones de APIX, enfatizó que «se observan deficiencias de nutrientes que a menudo se pasan por alto, como el Zinc, el Calcio y el Magnesio». Según el experto, la acumulación de campañas con extracciones elevadas ha generado baches nutricionales que, de no atenderse, se agravarán. El mensaje para esta campaña es directo: la nutrición debe ser integral. No basta con pensar solo en nitrógeno y fósforo; el éxito reside en corregir esas carencias específicas para evitar que se conviertan en el factor limitante del rinde.

Perspectiva climática y el desafío de la eficiencia hídrica

El escenario hídrico presenta señales alentadoras para la fina. El análisis del «agua en el perfil» —esa reserva acumulada en los primeros metros del suelo— sugiere que existe una oportunidad real de alcanzar rindes de trigo similares a los picos históricos del año pasado. Sin embargo, los técnicos advierten que tener agua no garantiza el éxito por sí solo.

«La perspectiva climática marca, al menos, un buen invierno», señaló Juan Pablo Alisio, Ingeniero Agrónomo de la firma. Para Alisio, el agua es el motor, pero la nutrición es el combustible que permite que ese motor rinda al máximo. El objetivo es «capitalizar» cada milímetro disponible. Si el perfil tiene humedad pero el cultivo carece de una nutrición balanceada, la eficiencia en el uso del agua cae drásticamente. En términos periodísticos: el agua pone el techo, pero la tecnología de precisión decide qué tan cerca estamos de tocarlo.

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