Un análisis temprano permite conocer si las semillas realmente tienen capacidad de generar una nueva planta y anticipar decisiones sobre el manejo o el destino de cada lote. Especialistas del INTA destacan que medir la viabilidad antes y después de la cosecha ofrece información clave para asegurar un buen establecimiento del cultivo.
La calidad de la semilla es uno de los primeros factores que define el resultado de un cultivo de soja. Sin embargo, ese aspecto central muchas veces se evalúa tarde o de manera incompleta. Para los especialistas del INTA, conocer el estado real de las semillas antes y después de la cosecha permite anticipar problemas, ajustar decisiones de manejo y asegurar que el cultivo arranque con el potencial necesario.
En ese proceso, la viabilidad aparece como el atributo clave. Este indicador permite determinar si las semillas que integran un lote están vivas y en condiciones de originar una nueva planta. Cuando se conoce ese dato a tiempo, el productor o el semillero puede definir si el lote tiene aptitud para siembra, si posee capacidad para conservar su calidad inicial.
De acuerdo con Carina Gallo, especialista en semillas del INTA Oliveros -Santa Fe-, “el primer atributo de calidad cuyo valor es importante conocer es la viabilidad del lote de semillas, es decir, la condición de ‘estar vivas’ de cada una de las semillas que lo componen”.
El análisis permite evaluar el estado físico y fisiológico de cada simiente. Para que una semilla logre establecer una planta en el campo, sus estructuras embrionarias deben encontrarse íntegras y saludables. Cuando ese requisito no se cumple, aparecen fallas de implantación, pérdidas de plantas o nacimientos no uniformes que condicionan el rendimiento final.
“Cada semilla debe estar saludable, física y fisiológicamente, para lograr un correcto establecimiento en el campo e iniciar un nuevo ciclo agrícola de la especie”, subrayó Gallo.

El diagnóstico se realiza mediante la Prueba Topográfica por Tetrazolio, una técnica ampliamente utilizada en laboratorios de semillas que permite identificar con precisión qué proporción de un lote conserva capacidad de generar plántulas. El resultado se expresa como porcentaje de semillas viables y constituye una referencia directa para interpretar el potencial de siembra.
En este sentido, Gallo no dudó en especificar que “el análisis de viabilidad mediante la Prueba Topográfica por Tetrazolio brinda mucha información y se convierte en una herramienta valiosa para monitorear la calidad de los lotes durante todo el proceso”.
Conocer qué ocurre dentro de cada semilla antes de llevarla al campo puede marcar la diferencia entre un lote con buen establecimiento y otro con problemas desde el inicio. Por eso, la evaluación de la viabilidad se consolida como un paso técnico importante para quienes buscan asegurar la calidad de la siembra y sostener el potencial productivo del cultivo.
En soja, ese indicador adquiere un peso particular. La especie muestra una sensibilidad elevada frente a distintos factores que pueden afectar la integridad de la semilla durante su formación, su cosecha o su almacenamiento. Por ese motivo, los especialistas recomiendan realizar controles de calidad en distintos momentos de la cadena productiva.
“En semillas de soja, un valor mínimo de 90 % de semillas viables indica que este atributo es de primerísima importancia, sin el cual no se pueden esperar mejores valores de germinación y vigor”, afirmó Gallo.
La prueba no solo permite establecer si las semillas están vivas, también ofrece un diagnóstico detallado sobre su estado general. A partir de patrones específicos que se observan en los tejidos de la semilla, el análisis permite estimar el vigor y detectar diferentes tipos de daños.
Según explicó la especialista del INTA, la técnica funciona como un estudio que revela qué ocurrió con la semilla durante su desarrollo y manejo posterior. Esa información resulta clave para comprender por qué un lote puede presentar problemas de implantación o baja germinación.
“La prueba indica con precisión el estado físico y fisiológico de las semillas y permite diagnosticar el estado particular de cada una y del lote completo”, señaló Gallo.
Entre los daños que se pueden identificar aparecen aquellos provocados por procesos mecánicos, ataques de insectos, alteraciones propias del ambiente de producción o malformaciones de origen genético. Cada uno deja señales específicas en los tejidos de la semilla, lo que facilita su reconocimiento durante el análisis.
Los daños mecánicos suelen originarse durante la cosecha, el transporte o el manipuleo. Golpes, cortes o fracturas afectan directamente la integridad de la semilla y reducen su capacidad de conservación durante el almacenamiento.
Fuente: Inta Informa





